A mi siempre me ha gustado escribir y a mi mamá siempre le gustó leerme. Y resulta que cuando uno pierde a un ser querido uno no se va junto con ellos y eso hasta parece absurdo. Cuando mi mamá murió me di cuenta de que yo seguía respirando, y fue, igualmente, absurdo saber que mis manos y mis piernas funcionaban igual que el día anterior. Resulta también que uno sigue teniendo gustos y que uno puede seguir escribiendo.
Mi mamá fue la persona más bonita y una vida no me alcanza para poder hablar de su buen corazón. El suyo era el más cálido de los amores. Y era sólo para mí así que ese me lo guardo yo.
Pero hablo, entonces, del duelo. Podrán ustedes jugar a adivinar en qué etapa estoy.
Esto, como todo lo que hago, es para ella.
