Hay días en los que el miedo, siempre acechante, de ser la única que mantenga el privilegio de tu recuerdo se vuelve incluso más factible.
Mi bisabuela es la persona más mayor con vida que te conoció, pero por los gajes de la edad muy posiblemente ella ya no se acuerde de ti. De ahí están mis abuelos, tus tíos, tus hermanos, mi papá, tus compañeros de trabajo, mis amigos y mis conocidos. Pero ya todos han dejado de preguntar por ti. Así que yo me pregunto a mí misma, me hablo a mi misma de ti, me cuento anécdotas tuyas y me tengo que armar cuando estoy hecha pedazos. La siguiente persona que es tu sucesora en cuidar de mi resultó que soy yo, y yo no me sé cuidar. Yo me lloro, me grito, me raspo, me corto y me sajo.

No hace falta que todas las personas que te conocieron ya no estén.